Pellejo misterioso

¿A qué animal pertenece esta piel?

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Me gusta el fútbol

Los humanos, desde niños, compartimos con muchos otros mamíferos un gusto especial por los juegos. Todos hemos visto como juegan los gatitos, o los perritos, sobretodo cuando son cachorros, pero también de mayores. Ellos juegan luchando entre si, sin hacerse daño, por pura diversión se persiguen entre ellos y se tiran unos encima de otros. O juegan con nosotros, con un cordel o una pelota. O incluso juegan absolutamente solos, inventándose amenazas de las que tienen que huir, o presas a las que perseguir. Esto les sirve para que de mayores ya tengan una práctica sobre ciertas cosas, y desarrollen las facultades que les servirán para escapar de los depredadores, conseguir alimento, o encontrar pareja. Pero esto ellos no lo saben. No son conscientes de que juegan porque en un futuro les será útil haberlo hecho, ellos juegan porque les gusta, porque se lo pasan pipa.

Nosotros también jugamos por la misma razón. Y jugamos a muchas cosas. Jugamos a peleas, luchas de espadas, jugamos a hacer carreras, a escondernos, jugamos a papás y mamás, a hacer casitas, y muchas otras cosas que refuerzan nuestras cualidades y que en principio nos serán beneficiosas. Tal vez, a través de la evolución cultural, a partir de esta afición al juego, surgieron los deportes, que tienen el mismo objetivo y funcionan de la misma manera, aunque éstos se diferencian por poseer unas reglas que deben seguirse al pié de la letra y tembién un sistema de competición.

Del mismo modo que en los juegos de niños, en los deportes también observamos un beneficio en practicarlos. Hay muchos deportes donde se ejercita el cuerpo y se educan los músculos, y también muchos otros donde se practican habilidades manuales, puntería, resistencia física, coordinación de movimientos, trabajo en equipo, o facultades mentales.

De todos los deportes, el fútbol es el rey. ¿Por qué?

Los buenos jugadores de fútbol reúnen un montón de características que seguro fueron fundamentales en nuestra evolución y que, hoy en día pese al cambio en nuestro estilo de vida, todavía admiramos y valoramos muy positivamente: Resistencia física, potencia en arranque de carrera, y velocidad punta son cualidades que se necesitan en el fútbol y en muchos otros deportes físicos. Trabajo en equipo, táctica y estrategia, y lo que se conoce como visión de juego, son características comunes en los deportes de equipo que requieren de ciertas habilidades mentales que solo posee el ser humano y algunos pocos animales en menor medida. Pero para jugar al fútbol, también se requiere tener una especial facultad para calcular distancias, y coordinar esa información con los movimientos del cuerpo. Para calcular sobre un papel la fuerza de impacto necesaria para mandar un esférico a un punto determinado del campo, necesitaríamos varios años de formación en matemáticas y física, pero un jugador de fútbol lo hace instintivamente. Y además puede calcular parábolas sorprendentes para el rival, impactando de forma especial en la pelota para darle efecto.

También es fundamental predecir con anticipo los movimientos del adversario, o engañarle con los propios para provocar una reacción esperada que pueda ser favorable. Para ello, además de tener cierta habilidad empática, el futbolista debe coordinar sus movimientos de forma precisa. Y la coordinación de movimientos de este cuerpo bípedo, que es único en todo el reino animal, puede llegar a extremos que nos dejan con la boca abierta. Como es el caso de este niño que con 6 años ya es un espectáculo el ver cómo se mueve con un balón en los piés, y que me ha inspirado a escribir todo este rollazo sobre el deporte rey, el fútbol.

Esta entrada se la dedico a El PaleoFreak. 😉

La perfección existe

Nada es perfecto, se suele decir. O que la perfección no existe. Y algunos terminarán por concluir que la perfección se encuentra en los ojos de quien la ve. Pero en realidad la perfección es lo único que existe. Porque nada es de otra forma si no como es, y de esa forma es perfectamente lo que es. Y lo que no es como es, no existe. Porque si algo deja de ser perfectamente como es, ya no es lo mismo, y por lo tanto, todo lo que es, es perfecto. Y aunque las cosas cambien, todo cambio es perfecto, y el resultado es la perfecta consecuencia de todo lo demás. Las cosas nos pueden gustar más o menos, porque sobre gustos, yo ahora no opino. La sensibilidad ante la belleza puede ser educada.

La presunta imperfección de esta margarita la ha hecho perfecta para ser la protagonista de esta entrada.