Oportunistas y Especialistas

Como fruto de la evolución de las especies a través de la Selección Natural, la vida se adapta a su entorno, adoptando formas y costumbres según sea conveniente. Todos los animales viven en harmonía en su ecosistema, donde ocupan un nicho ecológico. Esto quiere decir, que los animales se adaptan a un estilo de vida, ya sean carnívoros, herbívoros, insectívoros, piscívoros,  parásitos, etc. Ese estilo de vida que asume la especie dentro del ecosistema, se ve definido por su comportamiento (etología), y va acompañado de las diferentes adaptaciones físicas (morfología) que adopta el animal.

En la naturaleza, podemos diferenciar entre dos grandes formas distintas que tienen los animales de adaptarse a su entorno. Oportunistas (o generalistas) y Especialistas.

Los animales Especialistas son aquellos que se adaptan para ocupar un nicho ecológico muy concreto y lo explotan tan eficientemente que no tienen prácticamente competencia. Para ello, estos animales evolucionan de forma que su conducta y su forma física  se especializan en realizar su cometido. El problema de los animales Especialistas suele ser que están tan adaptados a un estilo de vida concreto, que les es muy difícil readaptarse cuando su medio cambia.

Los animales Oportunistas por otra parte, son aquellos que tienen una mayor adaptabilidad a diferentes tipos de hábitats. No se especializan en comer un determinado alimento, sino que son más generalistas. Sus adaptaciones físicas suelen ser moderadas, y funcionales en una gran diversidad de terrenos y para una amplia gama de propósitos.

En la imagen de abajo se pueden ver 12 animales de diferentes especies: ¿Sabríais decirme cuales son Oportunistas y cuales son Especialistas?

La Selección Natural no mata

Una víctima más de la Selección Natural

Un error muy común cuando hablamos de la famosa, aunque no por ello bien conocida, teoría de la Selección Natural de Charles Darwin, es asociarla directamente con la muerte.

“Los fuertes sobreviven, los débiles mueren.”

Es tal vez la frase que más suelo escuchar. Y bueno, es una obviedad que eso sucede, pero no explica la evolución.

“Los que mejor se adaptan a los cambios del medio sobreviven, y los que no se adaptan mueren.”

Es simplemente una versión de la frase anterior, que aunque suene un poco mejor, ya que incluye la adaptación, viene a decir lo mismo. Esa es otra observación de lo que ocurre en la naturaleza, que por muy acertada que sea, tampoco explica la evolución.

Por muy fuerte y muy adaptable al medio que sea un organismo, éste podría pasarse toda la eternidad autoreplicándose sin evolucionar jamás. Y los pobres débiles e inadaptados seguirían muriendo absurdamente duerante toda la eternidad.

No obstante, esas frases que he citado, ya muestran que el individuo que las pronuncia asume la existencia de algo que es muy importante para comprender cómo funciona la Selección Natural; la variabilidad. Que existan individuos más fuertes que otros, que no seamos todos iguales, es un hecho sin el cual la evolución no sería posible. Esta variabilidad genética que vemos dentro de una misma especie, existe gracias a mecanismos que generan variabilidad, como las mutaciones, o la recombinación. Sobre esta variabilidad genética actua la Selección Natural. ¿Cómo lo hace?

La Selección Natural no necesita que muera nadie. No, no necesita que el pobre débil e inadaptado se muera. Lo único que necesita la Selección para operar sobre esa variedad en el acervo genético es que esos cambios, ya sean obtenidos por mutaciones aleatorias o por otros medios, sean de caracter heredable.

Y ahí comienza el juego de la reproducción diferencial. Los individuos que más se reproducen son los que conseguirán que sus genes perduren, ya que estos pasarán a las siguientes generaciones. A la Selección Natural le da igual cómo se consiga eso, no es necesario que muera nadie en este proceso.

El papel de la lógica muerte de los individuos débiles e inadaptados, supone que éstos dejan de transferir sus pobres genes a las siguientes generaciones, o lo harán en menor medida que los individuos fuertes y bien adaptados que sobreviven para seguir reproduciéndose.

En definitiva, lo que cuenta es ganar en el juego de la reproducción diferencial, y para ello no es necesario que nadie salga herido. Como nos demuestra este magnífico macho de pavo real.